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Rayuela


Es una novela del año 1963. Década la de los 60 que fue impresionante. Con esta novela Cortazar como artista mostró y se reflejó en los tiempos de novedad que inundaban al mundo. Revoluciones, el hombre en la luna, minifaldas, flower power, el Che y Fidel, Beatles, LSD, Hipismo, Mayo francés, Rolling Stone, The Doors, desmaniacomianización, el anti-edipo y Deleuze, Vietnam (lo patético y criminal en nuevos desafios), en definitiva, se sacudió el mantel de todo lo preconcebido y se ensayaron con fantástica y potente creatividad la ruptura con lo viejo y el nacimiento de una forma de percibir y sentir totalmente nueva.
Julio Cortazar, gran escritor, pero sobre todo, un hombre de brillante cultura y de espíritu descarado, por siempre joven, vivía en París.
Leyendo Rayuela por segunda vez me encontré con alguna experiencia que quisiera ayudarme a describir a través de este comentario. Me costó engancharme en la historia. El relato cuenta de un grupo de personas que se conocen de diferentes lugares y con diferentes idiosincrasias y que van tejiendo una convivencia donde se destaca las diferencias intelectuales y culturales entre ellos. El personaje más conmovedor a mi entender es la Maga, que es presentada justamente perdiendo siempre a nivel intelectual y o contradecida y descalificada en las convesaciones y discusiones que se iban realizando a lo largo de los capítulos con los otros pesonajes (Oliveiro y cia) . Los personajes se desarrollan en eternas discusiones, y en todos se denota un nivel de desesperación e inmadurez ocultadas en sus charlas impregnadas de erudiciones culturales, científicas, jazzeras, de notable solvencia, y desbordes. Es que allí creo que se centra la cifra de la novela, en el desborde, en la falta de encuadre, en la pérdida de referencias preestablecidas y contenedoras. La Maga es víctima expuesta de esa angustia. Ese creo yo es el trasfondo filosófico, existencial, sartriano de la obra. Pero la historia en si, la novela, no me cautivó. Por momentos me parecía sentir la gran tensión propia que despertome la lectura del Ulises de Joyce. Pero, vamos, por momentos. Creo que Cortazar jugó con toda libertad a ensayar un nuevo modelo de escritura, de novela, donde justamente los vectores de lo racional, o del orden conocido en la escritura quedaran siempre cuestionados, desfachatadamente contradecidos, desestimados. El mismo des-orden que el escritor propone para leer el texto ofreciendo la lectura de los capítulos en una secuencia de no contigüidad, es una manifiesta clave. La cifra del mundo de Rayuela.

Prontamente, al transcurrir la lectura, las sorpresas más destacadas pasaban más por la mecánica de la escritura, que por el relato de la historia en si. Cortazar investigando en su laboratorio. En determinado momento, comienza a escribir utilizando "H" en una secuencia de palabras que no llevan "H". Como un juego de atrevimiento, una cargada a lo ortodoxo, o simplemente un chiste, un divertimento, digo. Así entendí su sentido, su utilidad, y desde el punto emotivo, atencional, casi un ingenuo fastidio. Okey ! leo a Cortazar, me la banco. El capítulo 34 esta construido por dos relatos superpuestos, donde cada uno de ellos se escribe, renglón de por medio, con lo cual, en lo personal tuvo un efecto bastante loco, y no menos interesante. En determinados momentos el ojo de la lectura, confundía el renglón y se integraba el otro relato, se intercambiaban, cosa que me disparataba el entendimiento... mueca adolescente.
Desde el punto de vista psicológico, creo que la novela es interesante, es subversiva de todo lo preestablecido, pero corre el riesgo de invitar al lector a tirarla por la ventana en cualquier momento, cosa que por otro lado creo yo, Cortazar festejaría como una reacción sino deseada, al menos feliz.
En definitiva, en un punto al igual que Joyce, el escritor Julio Cortazar, le toma un poco el pelo al lector, haciéndolo cómplice de sus travesuras (en esto nada que ver con el irlandés), y partícipe de su atrevimiento.
La novela en si, las historias en si, no me emocionaron, no me condujeron al mundo de los personajes, no me interesaron. Diálogos interminables, en rebusques filosóficos que se confunden entre la erudición y la contradicción. Los mejores capítulos para mi son el 7 y el último el 56 donde aparece en toda su maestría y esplendor el Cortazar de los cuentos, genio en el ritmo y la fusión de las interioridades de los protagonistas, el mundo impregnado de emociones y tensión humana, la vida y la muerte, el amor y el astio, la soledada y la esperanza. De eso se trató la novela, la obra Rayuela para mi.
Existen otras ideas de análisis, sólo me propuse describir el efecto que me produjo la lectura y mi experiencia a través de ella.
Gracias a Julio Cortazar, un maestro genial -cuentos de notable trascendencia, que realizó la mejor traducción de las obras de A. Poe al español, al hargentino- no me inhibo hen hescribir, sino que todo lo contrario, me siento hacompañado por su hestímulo.